jueves, 5 de febrero de 2015

Para Dylan...

    Entré a la habitación y ahí estaba, tan calmada como nunca la había visto, tan pasiva, tan tranquila. No hablaba, sólo lo miraba a él, cansado y dormido, hinchado y chiquito. Y es que no llevaban ni un día de conocerse pero ya había amor en el aire, la luz y la felicidad inundaban la habitación.
Entonces la miré y ella por consiguiente me miró, no fue necesario decir mucho, sabía que se había enamorado, en su corazón había entrado el amor más puro existente, tan tierno y protector. Él, por el contrario, aún no sabía que estaba en los brazos de la mujer de su vida, la mujer que acababa de sacrificarlo todo por él, aquella que daría todo lo que esté a su alcance por conseguir su bienestar.
No era necesario hablar con ella para descubrir que ella había alcanzado la felicidad máxima y el amor verdadero. Me senté y pensé en lo que acababa de pasar, los contemplé y me puse a pensar que cuando me preguntaba sobre la finalidad de la vida, no tenía idea que mi respuesta estaba frente a mí. Y ahí estaban, yo era testigo del amor tan puro y verdadero como el que ella había encontrado en ese ser, ella no sólo acababa de darle la vida a una personita, sino también a su propia felicidad. Ella al fin descubrió el amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario